En el mercado de valores, las fuentes tradicionales de ganancia para el inversionista suelen ser bastante claras: comprar un activo a un precio inferior y venderlo posteriormente a un precio mayor, o mantener la posición en el tiempo para beneficiarse de distribuciones como dividendos. Sin embargo, existe una tercera fuente de rentabilidad, menos comentada pero perfectamente válida desde el punto de vista técnico, que proviene de las operaciones de arbitraje, las cuales buscan capturar ineficiencias temporales de precio entre distintos mercados.
En mercados donde una misma acción cotiza en dos plazas distintas, estas ineficiencias aparecen más seguido de lo que muchos creen. No duran mucho, pero cuando se dan, abren ventanas interesantes para estrategias de arbitraje puro, especialmente para inversionistas que ya operan con una SAB y tienen acceso tanto a la BVL como a mercados internacionales como NYSE o Nasdaq.
El caso de Auna es un buen ejemplo reciente. El viernes 23 se observó que la acción cotizaba en NYSE alrededor de 5.43 dólares, mientras que en la Bolsa de Valores de Lima se estaban cruzando operaciones en torno a 5.60 dólares. Es una diferencia pequeña en apariencia, pero suficientemente relevante como para justificar una operación de arbitraje, siempre que se haga con rapidez y con claridad sobre los costos involucrados. En este punto es clave precisar que, para poder vender en el mercado local, la SAB suele cargar una comisión fija cercana a los 25 dólares, la cual corresponde al traspaso de la custodia desde la custodia internacional hacia la custodia local en Cavali, paso indispensable para poder ejecutar la venta en la BVL.
Desde el punto de vista operativo, el proceso es bastante directo. La compra se puede realizar normalmente desde el aplicativo de la SAB en el mercado internacional. Una vez ejecutada la compra, el siguiente paso es contactar a un asesor bursátil de la propia SAB e indicarle explícitamente que deseas ejecutar un arbitraje, solicitando el traspaso de la custodia internacional a Cavali y la posterior venta de las acciones en la BVL. La clave aquí es la comunicación y el timing, porque estas distorsiones de precio suelen corregirse rápido a medida que más operadores las detectan.
Veámoslo con números simples. Supongamos una compra de 5,000 acciones de Auna en NYSE a 5.43 dólares, lo que implica un desembolso total de 27,150 dólares. Si esas mismas 5,000 acciones se venden posteriormente en la BVL a 5.60 dólares, el ingreso bruto asciende a 28,000 dólares. La diferencia de precios genera una ganancia bruta de 850 dólares. Al descontar el costo fijo aproximado de 25 dólares asociado al traspaso de custodia hacia Cavali, la utilidad neta de la operación sería de 825 dólares, antes de impuestos y otros costos marginales.
Es importante destacar que esta ganancia no reemplaza, sino que se suma a la lógica básica de toda operación de inversión: comprar un activo a un precio inferior y venderlo luego a un precio mayor. El arbitraje, en este contexto, actúa como una capa adicional de rentabilidad, originada no en una proyección de largo plazo ni en un cambio en los fundamentales, sino en una ineficiencia temporal entre dos mercados que valoran el mismo activo de manera distinta.
Este tipo de oportunidades no aparecen todos los días ni en todas las acciones, pero cuando se presentan en papeles líquidos y con doble listado, pueden ser una herramienta interesante para el inversionista activo, siempre que tenga claro el flujo operativo, los costos y, sobre todo, la rapidez con la que debe actuar. En arbitraje, el precio manda, pero el tiempo manda más.